TRANSGLOBAL goes GREEN_Summer party 2019


El ritmo vertiginoso que invertimos en vivir nuestras vidas hace que en ocasiones los pequeños detalles nos pasen desapercibidos. Soñamos a lo grande y ello nos lleva a perder la conexión con lo inmediato que es, de hecho, lo que conforma nuestra experiencia. Si soñar es lícito, mucho mejor es vivir plenamente aquí y ahora y darnos cuenta de que todo el detalle que nos acompaña en el camino, suma.

Cuando nos vamos a la playa, por ejemplo, podemos disfrutar de dos maneras: consciente e inconscientemente. Un simple vistazo al estado de la arena nos lleva a imaginar que muchos de nosotros pensamos que este preciado espacio público se limpia solo. Si así pensamos es fácil olvidarse de todo el material de desecho que dejamos abandonado a su suerte después de una jornada playera. Parece que no pensamos en que si volvemos al día siguiente, lo que dejamos el día anterior todavía estará allí para darnos la bienvenida y lo que es peor, seguirá dándonos la bienvenida por muchos años. Mientras día a día se incrementan los desechos en nuestras playas, nada parece concienciarnos de que con nuestra actitud pasota, estamos acercando a nuestro presente aquel horizonte que tan lejos veíamos estando en la playa cuando éramos niños.

¿Dónde estará el límite?

Aunque no sepamos dónde está, es fácil intuir que dentro de poco sabremos qué había detrás de aquella línea lejana que dividía cielo y mar. La pena es que cuando lo descubramos, no habrá posibilidad de marcha atrás. Si hacernos mayores ha significado descubrir lo que había detrás del horizonte, no hemos madurado nada.

Dentro de nuestra voluntad de cambio y concienciación hacia el respeto por la naturaleza, el pasado mes de julio 2019 organizamos una jornada de limpieza de playas en la que participamos más del 50% de la plantilla de VIAJES TRANSGLOBAL. Fue tremendamente impactante ver la cantidad de desechos que se acumulan día a día. La sensación de impotencia cogía sentido cada vez que recogíamos una simple colilla, un tapón de botellín de agua, microplásticos de cualquier tamaño u otros desechos de inmundo nombre.  En otro sentido, sentir cómo los bañistas y personal de los chiringuitos agradecían nuestra labor nos animaba a seguir recorriendo metro a metro ingentes extensiones de arena abandonadas por un ser humano a quien las llamadas de concienciación medioambiental no importan.

Hora y media de trabajo de recogida de residuos en las playas del único ayuntamiento que nos concedió el permiso para la actividad fue suficiente para ponernos los pelos de punta mientras se nos caía la cara de vergüenza por la falta de sensibilidad de una gran parte de los bañistas. 20 personas recogiendo residuos logramos reunir más de 13 kilos de porquerías varias. Sin duda, una verdadera locura.

Estamos convencidos de que no será la última vez que lo hagamos. La pena es que lo más probable es que la playa no seguirá igual, sino peor.

Como persona que habita el mundo – tanto en tus ratos de ocio en lugares cercanos como cuando viajas a lugares lejanos -, no dejes pasar la oportunidad de dejar huella obligándote a una actitud de necesario cambio.

Disfruta de la playa en toda su amplitud y consume todo lo que te apetezca pero cuando dejes el espacio público de todos, deja tu huella recogiendo los residuos que en encuentres a tu paso. Solo así conseguiremos no solo la anhelada limpieza sino la concienciación del resto de bañistas.